Húmeda, atestada, ruidosa, cosmopolita, nocturna, comercial, vertiginosa… Mumbai, la ciudad más occidental de India que he visitado hasta el momento, está muy lejos de asemejarse a esa Incredible India que relaté en mis comienzos.
Un poco más de dos meses en el sur fueron suficientes para adaptarme al conservadurismo, las costumbres y tradiciones de la región. Polleras, musculosas, tenedores, cuchillos, café con leche, bares, boliche y tantas otras cosas habían quedado en el olvido. La gran ciudad no hizo más que recibirme con un nuevo choque cultural, pero esta vez al mejor estilo occidental. Por supuesto que la adaptación resultó mucho más “cómoda” y rápida. Creo que no cuesta demasiado volver a nuestros viejos hábitos. Sin embargo, debo admitir que durante mis primeros días no podía comprender como las chicas usaban polleras taaaaaaaan cortas, escotes, vestidos… Todo era una sorpresa, la autopista, los taxis, happy hours, boliches abiertos hasta entrada la madrugada, shopping malls, extranjeros a doquier, restaurants con menues muy occidentales, tan occidentales que incluso comi carne vacuna (o eso parecía ser)
Con el correr del tiempo, las diferencias culturales se hacen invisibles a mis ojos. Poco a poco uno se acostumbra y ciertas costumbres que resultaban incomprensibles en un primer momento pasan a formar parte de la vida cotidiana. Un poco menos sorprendida, aun encuentro ciertas cosas que me llaman la atención.
1- Supermercado
Abren extremadamente tarde. Imposible hacer las compras antes de ir a trabajar. Se supone que a las 10 AM abren sus puertas, pero la realidad es que no lo hacen hasta pasadas las 10.30.
Mi primera experiencia en el supermercado no fue de lo más gratificante. Nada mejor que se te rasgue el pantalón en India. En algún país occidental podría ser considerado un hot jean o algo similar. Acá es un pecado. En fin, me las ingenie y en cuestión de minutos conseguí un nuevo pantalón =)
En mi segunda visita al supermercado, me pareció raro no encontrar huevos ni atún. Resulta que no estaba en un mundo taaaan occidental como parecía. Hay supermercados “Veg” y “Non-Veg”. ¿¿¿Lo pueden creer??? Justo fui a dar con un supermercado muy vegetarian para mi gusto.
2- La feria callejera
Nada más práctico que comprar en la calle. Donde sea que uno vaya puede encontrar puestitos callejeros. En las estaciones de tren es donde se concentran la mayoría. Son muuuuyyyy improvisados, una lona en el piso o bien unas tablas cuando son muy top. Naranjas, ciruelas, manzanas, bananas, mangos, cerezas, huevos, repollo, tomate, cebolla, papa, limones, y cuanta verdura y fruta se les pueda ocurrir… Para mi es una gran salvación, el supermercado no me agrada demasiado, vuelvo tarde del trabajo, y los puestitos están siempre abiertos… entre tacos y cascotes, hago mis compras de frutas y verduras en la estación de tren.
3- La odisea del tren
“Colgados del tren como racimos…” “En el oeste, está el agite…” son algunas de las canciones que resuenan en mi cabeza mientras camino por la estación de Jogeshwari. Hoy digo… GRACIAS SARMIENTO! Quien haya experimentado el Sarmiento en hora pico, sobrevivir en el tren de India no es para nada trágico. El oeste me dio aguante =) De todas formas, vale aclarar:
- Viajo en el compartimiento de mujeres. Hay vagones exclusivos para hombres y mujeres. En ciertas franjas horarias, se permite el acceso de hombres a ciertos compartimientos de mujeres. En cambio las mujeres pueden viajar en los compartimientos de hombre si así lo desean en cualquier momento del día.
- Tengo pase mensual primera clase. Un boleto ida en primera clase puede resultar bastante caro, 2 dólares aproximadamente. Sin embargo, el boleto mensual es considerablemente barato ya que podes viajar cuantas veces tengas ganas por 10 dólares. Aunque no todos tienen acceso si tenemos en cuenta que parte de la población vive con un dólar por día.
- Evito la hora pico. Afortunadamente entro a las 12 del mediodía y salgo a las 7 de la tarde, horarios donde la corrida de gente ya se ha calmado.
Se podría decir que soy un tanto privilegiada. Si bien me encanta experimentar toda esta cultura, poco me interesa subirme al compartimiento de hombres, segunda clase en horario pico. No lo recomiendo y creo que no hace falta que explique los motivos. Con sólo verlo me basta y me sobra.
Salto a las vías, camino con sandalias entre los cascotes, transpiro, corro por los andenes, me atropellan, atropello; sin embargo, aun no aprendí a subir ni a descender del tren en movimiento. Para ellos es algo de todos los dias, y muy facil, hasta viajan en el techo… Pero para mi, prácticamente imposible.
4- Rickshaws y taxis
Mi principado en Coimbatore llegó a su fin. Francis ya no viene a mi rescate. Ahora… simplemente salto a la autopista para atrapar a algún rickshaw que a duras penas hable inglés, peleó por una rupia y me aseguro que no me chantajeen con el “meter”. La avivada de la gran ciudad no da respiro. Las cosas se pusieron un poco más complicadas, y mejor que te avives o te pasan por encima. Las tarifas de taxis y rickshaws son mas baratas que en el sur, y usan “meter” por lo cual solo deberían cobrarte lo que figura en el relojito. Pero… hecha la ley, hecha la trampa. Si te descuidas dejan el meter encendido desde el viaje anterior, te pasean por la ciudad para cobrarte unas rupias de más, nunca tienen cambio para darte el vuelto, tienen el meter arreglado para que corra más rápido… Los taxis son muy viejos pero es lo más parecido a un taxi de occidente. También funcionan con meter, pero no marcan lo que tenes que pagar sino un número que representa una tarifa la cual que esta volcada en un cuadro. Entonces a la hora de pagar tenes que revisar la tablita, no sea cosa que te quieran cobrar de más. Las tarifas varían de acuerdo a la franja horaria. Si es de noche cobran un poco más. El mínimo en rickshaw es 9 rupias y en taxi 13 rupias.
Tengo muchísimas historias para contar, pero ya es un poco tarde y la inspiración se agota… tratare retomar la frecuencia de mis posts y así los mantengo up to date…